Ancas de rana con bechamel de castañas

Como mi más tierna infancia transcurrió en un pueblo pequeño donde campábamos asalvajados, tengo una relación con la ranas digamos que depredadora. Esto significa que no tengo ningún reparo en comerme las patitas de los batracios aunque tengo que reconocer que para quien coma con los ojos es toda una experiencia omnívora. La primera vez que probé las ranas fue en Camboya, donde las ponían muy picantes y en caldo. Muy ricas, como todo lo que comí allí (tarántulas incluidas). Esta receta es una invención del que escribe y salió buena pero no exquisita. La crema de castañas le pega, pero en general al plato igual le faltaba un toque distinto. En todo caso aquí la dejo, por si hay algún valiente con tiempo y ganas de cazar.

Ingredientes: (para 2 personas, omnívoras)
– Ancas de rana (250gr.)
En La Sirena las tenéis congeladas. Si no a buscar una charca y paciencia.
– Unas 10 castañas
– Media Cebolla
– Leche entera
– Harina
– Pimienta
– Nuez moscada
– Aceite

Lo primero, se pelan las castañas y se ponen a cocer en agua. Tienen que ablandarse un poco para luego poder ligar bien la bechamel. Calculad entre 10 y 15 minutos a fuego medio. Una vez cocidas la piel de dentro se quita mejor. Se reservan.

En una sartén con aceite se sofríe la cebolla picada. Una vez se va poniendo transparente se añaden las castañas, hechas trozos pequeños con la mano. Se da unas vueltas a todo y se echa algo de sal. Mejor poco, si nos pasamos la cagamos y siempre podemos añadir al final si se nos quedó sosa la bechamel. Luego se añade la harina (2 cucharadas soperas colmadas) y se deja hacer un poco, sin quemarla pero que se tueste. Esto es básico para cualquier bechamel, si no se tuesta luego la salsa sabe a engrudo y vuestros invitados os dirán “qué rico” con sonrisa forzada y cara de apreciarte mucho. Una vez tostada se va añadiendo la leche, a temperatura ambiente (hay quien le gusta calentarla antes) poco a poco, que la bechamel vaya cogiendo forma. No digo medidas exactas de leche porque ni las sé, la verdad. Esto a ojo. Mejor que quede clarita que muy espesa y sirva para hacer figuritas. Al final se añade una pizca de nuez moscada. Una vez acabada se pone un vaso alto y se pasa concientozudamente con la minipímer (no sé si con esta palabreja estoy haciendo publicidad gratuita y van dos veces en el blog-og). Se deja en el recipiente.

Aparte, en otra sartén se añade un poquito de aceite, lo justo para que las ancas no se peguen pero que no se frían, tienen que hacerse más a la plancha. Se sal-pimientan las piernas, las de las ranas, y a la sartén con los animalillos. La foto igual os sirve de referencia en esta fase. Creo que quedan mejor doradas. En todo caso aquí viene una cualidad curiosísima de las ranas: si las haces poco saben a gamba, si las haces mucho, a pollo. Esto abre un abanico de posibilidades tremendo, como los radares de la M-30. Poco hechas pegan con alioli, mucho igual hasta las puedes hacer a la cerveza. Qué jodías las ranas.

Bueno, al tema, una vez planchás las ancas, se ponen en un plato y se echa por encima la bechamel de castañas. Esta bechamel os pega con un montón de cosas, carnes, incluso algunas coles. La verdad es que se hace en un momento y queda muy rica, con el toque dulce de las castañas.

Dedicada a Jose Alberto, gran esquilmador del género batracio.
Lectura para la sobremesa: Leyenda del César visionario, Francisco Umbral.

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