Tarta de Santiago (Carrillo)

Que nadie me venga con charlas políticas: esta receta no es un homenaje. Se me ocurrió la gilipollez del nombre y ya no pude parar hasta que vi el escudito marcado en el azúcar. Me imagino a Carrillo buscando en google en sus horas de viejito jubilado. Voy a ver qué dicen de mí. Se encuentra esta receta. Ostias, piensa él, si hasta tengo una receta con mi nombre. Que no, señor Carrillo, que era broma, una tontuna, una cuchufleta. Usté siga buscando. Ponga Carrillo+Paracuellos, ya verá usté qué de cosas para leer, al brasero de su mesa camilla.

Venga que nos vamos, camaradas:

Ingredientes: (para una colectividad)
– 250 g. de almendras crudas. Las venden ralladas. Gran invento de la humanidad. En el mercadona venden bolsas de 125gr. Matemáticas: 2×125 = 250gr. Sacto.
– 4 huevos (5, sin son pequeños)
– 150 g. de azúcar glas (¿glás, glass, glassè?)
– Piel de 1 limón, bien cortá sin la parte blanca (en vez de limón una naranja queda buenísima también)
– Media cebolla (en la nevera)

Se ralla la piel del limón/naranja. Como no tengáis un buen rallador os va a costar una jartá; si es así lo hacéis trozos mínimísimos con un cuchillo. Si no tenéis un buen cuchillo esto también os va a costar un jartá. En fin, es que no tenéis de nada, qué gentuza. Seguimos. Se mezcla el azúcar con la ralladura de limón, reservando una cucharada de azúcar para echarle luego por encima. Se añaden los huevos y se mezcla todo con unas varillas de pastelero. Si tampoco tenéis (coño), con una cuchara de palo. Una vez todo bien mezclado se añaden las almendras. Si no las habéis encontrado ralladas a rallar toca. Tenéis que dejarlas bien bien. Dicho queda, luego no quiero reclamaciones.

Con la masa bien hecha se unta con mantequilla un molde redondo y bajo para tartas. Se echa la masa. Se precalienta el horno a 175º. Esperáis unos 5 minutos y lo metéis. Idle echando un ojo pero calculad unos 20 minutos (quizá un pelín menos) y estará lista. Yo no la desmoldé, la serví tal cual en la fuente de cristal. Si la pensáis desmoldar mejor usad moldes de usar y tirar, de papel albal rígido, que podáis romper. Algo se pegará la masa al molde.

Una vez fuera se deja enfriar. Al servir se espolvorea por encima con el azúcar sobrante. Antes os hacéis cualquier plantilla (el escudo del madrí, la silueta de Berlusconi, el logo de la telefónica, lo que queráis) y echáis el azúcar por encima.

Aviso: el nivel calórico de esta receta supera cualquier cosa que yo haya tratado de hacer en la cocina. El tiramisú se le acercaba, pero es que las almendras son muy suyas. El mes que lo hagáis pagad doble en el gimnasio, y seguid sin ir.


Dedicada a Ricardo, suegro, goloso y comunista a partes desiguales. Y a Arancha, propietaria intelectual de la receta.

Lectura para la sobremesa: Vida y destino, Vasili Grossman.

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