Magdalenas

El otro día me di a la fuga en un control de alcoholemia. No había bebido pero desde soy padre echo de menos algo de vida agitada. Llevaba a Lara detrás, medio dormida. Antes de pisar el acelerador le pregunté qué opinaba. Me pareció que asentía, así que di un volantazo, hice un trompo en plena autopista y tras un par kilómetros de kamikaze me desvié por la primera salida. A unos veinte kilómetros noté que un helicóptero nos perseguía. Desperté a Lara, que seguía frita, paré en el arcén, la cogí en brazos y salí corriendo por un descampado. Del helicóptero nos gritaban que nos echáramos al suelo (está sucio, yo a Lara aquí no la pongo, pensé). Seguí corriendo y mientras Lara no atinaba a meterse el dedo en la boca. Tiene ese vicio, qué le vamos a hacer. El pediatra nos dice que intentemos quitárselo, pero a ella le gusta y duerme divinamente la noche del tirón, así que por ahora estamos haciendo como que no nos damos cuenta. Ya veremos si no lo pagaremos caro en endodoncias.

Ingredientes: (para una docena de las susodichas)
– 125 gr. mantequilla
– 125 gr. azúcar
– 125 gr. harina
– 15 gr. levadura química (unas 3 cucharadas de café)
– 3 huevos (si son muy pequeños poned 4)
– rayadura de piel de medio limón y de media naranja
– Moldes de papel de magdalenas
– Media cebolla (en la nevera)

Hay un montón de formas de hacer magdalenas, algunas más complicadas que otras; en mi habitual vagancia he buscado la más simple y rápida. Aún así os prometo que quedan de muerte y quedaréis como auténticos pasteleros.

Metéis en un bol pequeño la mantequilla en el microondas, no muy fuerte, hasta que se haga líquida. La pásais a un bol grande y la mezcláis con el azúcar, batiendo bien con una cucharada o con unas varillas. Una vez bien mezclada el azúcar añadís los huevos y batís de nuevo. Después ponéis en un bol aparte la harina y la levadura, mezclándolas un poco. Con un colador fino la pasáis al bol con la mantequilla, azúcar y huevos. Esto os ahorrará que os salgan grumos. Batís bien hasta que se haga una crema espesa. Llegado a este punto añadís la rayadura de limón de naranja. Dependiendo de si le queréis dar más o menos sabor, pues añadís más o menos rayadura.

Dejáis el bol tapado con un trapo y encendéis el horno, a 200º. Tenéis que dejar que se caliente bien, la masa hay que meterla con el horno bien caliente. Preparáis los moldes de papel en una fuente. Un truco, poned en cada molde dos, esto hará que sean un poco más resistentes cuando la masa crezca. Tenderán a abrirse a lo ancho, pero no tanto. Mi amigo Davizón me aconsejó meter cada molde en una taza, para que sólo suban hacia arriba. Yo no tenía tazas del tamaño de los moldes, pero lo podéis probar.

En cada molde rellenad como un poco más de la mitad de los moldes. Una vez los moldes rellenos (ya digo, os saldrán unas 12, quizá alguna más), echáis un poco de azúcar en la parte de arriba de cada uno. Esto abrirá un poco la masa al hacerse, y le da un toque dulce y crujiente al exterior. Y ahora al horno, que estará bien caliente. Abrís rápido para que no pierda temperatura y metéis la bandeja. Calculad más o menos unos 15/20 minutos, aunque más que tiempo os recomiendo iros asomando cada poco a ver cómo va la cosa. Las doráis a vuestro gusto y las sacáis. No abrid el horno a la mitad, os arriesgáis a que la masa no suba bien. Dependiendo de la levadura subirán más o menos. Si suben mucho mucho llamad a la policía.


Dedicada a Olivia y a Lara, que ya muerden.
Lectura para la sobremesa: Sostiene Pereira, Antonio Tabucchi.

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