Croquetas de bacalao

El otro día frente al espejo me preguntaba por qué me reflejaba horizontal pero no verticalmente. Me puse a buscar por la ancha red y las explicaciones que encontré no fueron pocas. Entre todas ésta es quizá la más sencilla, aunque algo escueta, y ésta algo más complicada e interesante. El apasionante mundo de la óptica. Pa’ mear y no echar gota. Vamos con las croquetas:

Ingredientes: (para 4 personas, con manos)
– 150 gr. de bacalao desmigado y desalado
– Media cebolla
– Leche semidesnatada (a temperatura ambiente)
– Harina
– Nuez moscada
– Pan rallado
– 1 huevo

Sofreís la cebolla picada muy fina en aceite, si es posible que no sea muy amargo. Cuando esté bien pochada, casi transparente, añadís el bacalao y removéis. Si véis que se queda muy seco añadid un poco de aceite. Lo tenéis unos minutos removiendo y cuando se vaya haciendo el bacalao (no hace falta hacerlo mucho) añadís una cucharada sopera bien colmada de harina y removéis. Hay que dejar hacerse algo la harina, para que no sepa a engrudo. Cogerá un tono amarillento según se vaya dorando.

Llega el momento de ir añadiendo la leche. Al principio poco a poco, sin parar de remover y dejando que la masa vaya absorviendo la leche. Echáis un poco, dejáis absorver removiendo, y volvéis a echar. Id probando la masa a medida que echáis la leche, por si le falta sal. Tened en cuenta que el bacalao sala ya bastante por sí solo. La cantidad de leche es difícil de decir, tenéis que dejar la masa bastante espesa, luego espesará algo más al enfriar. Un poco antes de tenerla ya lista le añadís la nuez moscada rallada, lo que os quepa entre los dedos. Vamos, poquito.

Pues bien, apartáis del fuego y echáis la masa en un plato sopero o cuenco. Dejáis enfriar al menos unas 5/6 horas. Lo ideal es que lo hagáis de un día para otro. Para hacer el rebozado. En un par de platos ponéis un huevo batido y pan rallado, en el otro. Con una cuchara sopera vais cogiendo masa y amasándola con las manos, al tamaño que os guste (podéis hacer un único mega-croquetón, pero será complicado freirlo, salvo que lo hagáis en una bañera de aceite), pasáis la masa al huevo y luego al pan rallado, cubriéndola bien y dándole la forma acroquetada (yo acroqueto, tú acroquetas…). Podéis dejadlas ya hechas y freirlas más tarde, incluso dejarlas en la nevera y freirlas al día siguiente. EL último paso, en aceite muy caliente las hacéis, lo suficiente para que se doren por fuera y se caliente la masa. Recordad que la masa ya está cocinada, no hace falta freirla para hacerla más. Y listo. Bien fácil ésta, no digáis.

Nota al pié: A mí me gusta añadirle cuando sofrío la cebolla un chorrito de vino blanco. Esto al gusto, como el busto.


Dedicada a Lisboa, paraíso del bacalao y ciudad favorita del que suscribe.
Lectura para la sobremesa: Confesiones desde un sillón voltaire, Bryce Echenique.

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