Lechazo al horno (y una barra de pan)


Asomo la cabeza por encima de la pantalla del portátil y veo a una tía enseñando las tetas en un programa de esos de gente por ciudades extranjeras (¿putillas por el mundo?). Vuelvo a centrar la atención en la pantalla, meto la imagen que véis más arriba, me vuelvo a asomar y ahora no es una sino dos tías las que enseñan las tetas. Esto se anima. Estoy deseando acabar esta receta para ver cómo acaba el reportaje. La tele es un gran artilugio. Muy útil. Hugo (el gato) descansa encima totalmente ajeno a lo que brilla en la pantalla. Me mira como diciendo “no estás a lo que estás”. Le demuestro que sí estoy, así que bajo la mirada y sigo aporreando el teclado.

Ingredientes: (para 2 carnívoros)
– 2 paletillas de cordero lechal
– 2 cabezas de ajo
– Clavo y pimienta
– Vino blanco (1 vaso)
– Coñac (un culín)
– Manteca
– Media cebolla (en la nevera)
– 1 barra de pan

Alguno me dirá que menuda receta, que se hace ella solita, en el horno. La verdad es que muy complicada no es, pero hay que cogerle el punto. Además, no todo van a ser alardes de la técnica muñequilla-sartén.

Se untan las paletillas de manteca (poco, incluso podéis prescindir de este paso y os quedará un plato algo más ligero) por el lado de la piel. Se salan bien por ambos lados y se colocan boca abajo (¿tienen boca?) dejando el lado de la piel debajo, en la fuente de horno. Podéis hacerlo en una fuente de barro o de cristal más alta o directamente en la bandeja del horno. Si lo hacéis en la bandeja necesitaréis añadir algo más de agua, luego. Se cortan por la mitad las cabezas de ajo y se les pincha en cada mitad un clavo. Se colocan en la fuente junto con algunos granos de pimienta. Se le echa a todo el vaso de vino por encima, mojando las paletillas. Se añade algo de agua al fondo, otro vaso más o menos. Si se evapora podéis añadir después.

Con todo ya listo en la fuente se mete en el horno previamente precalentado a 160º. Más o menos habrá que tenerlo ahí unos 40/50 minutos. Pasado ese tiempo se saca, se les da la vuelta a las paletillas y se les unta con un poquito de coñac por encima, poquito, es sólo para que la piel coja un tono más dorado. Si no tiene casi caldo se añade algo más de agua y se vuelve a meter al horno, otros 40 min. a la misma temperatura. A estas alturas la cocina y parte de la casa habrán cogido olorcillo a Asador de Aranda. Es el momento de abrir el vino y comenzar a beber.

Id echándole un ojo, cuando veáis la piel ya dorada y se os haga la boca agua lo sacáis. Ponéis el pan en la mesa, el vino, 2 platos y la fuente. El resto es cosa vuestra pero fácil de adivinar. Con las paletillas que véis en la foto me zampé yo solo una barra de pan. Literal. Ganas tenía. Años ha que no me comía una barra yo solo. Lo bueno es que es un plato que no engorda nada. Sanísimo.

Nota: No os recomiendo tener compromisos durante la tarde que requieran esfuerzo físico. Al menos no más que el esfuerzo que supone darle uno a su propio cuerpo la vuelta en el sofá.


Dedicada a Hoso, gran amante de la carne, el vino y los sofás.
Lectura para la sobremesa: La fiesta del chivo, Vargas Llosa.

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