Caldereta de cordero (por la vía rápida)

caldereta de cordero

Yo sé que tengo un público fiel al que me debo como si fuera una hipoteca basura sin ipecé. Los meses que separan mis entradas en este blog son, por tanto, una prueba de fe, un contrato sin firmar que nos vincula indefinidamente hacia un infinito lleno de sofritos y manjares por digerir. Desde mi púlpito os pido que tengáis paciencia, que un homo sapiens no se cuece en un día y que las cañas que os debo alguna tarde de sol serán pagadas. Mientras tanto, aquí os dejo un nuevo despropósito, una caldereta de cordero en olla exprés que se me ha antojado sobre las once y me he zampado en torno a las tres (compra mediante, no os asustéis). Cuidado con las puertas que se abren hacia fuera. Allá vamos:

Ingredientes: (para 4 óvulos fecundados)
– 1 kg de pierna de cordero en trozos; o cuello fileteado y un par de jarretes, también vale.
– media cebolla (joder, qué gran nombre, ¿no?)
– 2 zanahorias
– 2 patatas grandes
– 1 bote corazones de alchachofas
– 1 bote de guisantes
– 1 bote de champiñones enteros (de esos chiquininos)
– 2 ajos
– 1 huevo
– 1 vaso de vino tinto (uno güeno, paisa)
– 2 cucharadas de harina
– laurel / perejil / pimentón / azafrán

Se salpimenta y dora el cordero en una olla exprés con bastante aceite caliente en el que previamente habremos dorado un par de ajos sin pelar, y que habremos retirado y reservado. Yo lo tuve que hacer en dos tandas, es importante que la carne se selle rápido y por igual. Una vez hecho se añaden las zanahorias en rodajas finas y las patatas en trozos pequeños (chascadas, no cortadas, razón aquí). Se rehoga todo y añade algo de sal. Una vez rehogado se añade el vaso de vino y se deja reducir unos minutos. Se añade un poco de pimentón, la hoja de laurel y se cubre con agua, como unos cuatro dedos por encima de la carne y se sala; nos tiene que quedar bastante caldoso. Se cierra la olla y cuando pite se deja al mínimo unos cinco minutos, tiempo suficiente (depende de cada olla) para que las patatas y zahanorias queden tiernas.

Mientras esperamos esta cocción ponemos a hervir un huevo para dejarlo duro (ya sabéis, ocho avemarías y un padrenuestro) y en una sartén con aceite freímos la cebolla picada fina. Una vez pochada se le añade la harina, la tostamos y la masa se añade al guiso que tendremos ya abierto, con esto conseguimos que la salsa espese. Se remueve y se añaden los guisantes, los champiñones y las alcachofas. Se remueve y se deja todo a fuego lento unos cinco o diez minutos más, para que se mezclen los sabores. Es el momento de corregir de sal si fuera necesario.

Mientras tanto en un mortero machacamos los dos ajos que tenemos reservados y fritos (sin piel), unas hebras de azafrán y perejil picado. Se hace una pasta a la que si os gusta podéis añadir un chorrito de vinagre. Una vez conseguida la pasta se añade a la cazuela, que se deja a fuego lento otros tantos minutos, hasta que veáis que la salsa está ligada y la cosa pinte como de éxito rotundo e incuestionable.

Aparte se pica el huevo duro que se puede servir en mesa como un aliño o echar directamente al guiso antes de emplatar. Y con esto y un bizcocho, os despedís del mundo hasta la ocho.


Dedicada a mis gatos, que dormitan mientras yo cocino y comen mientras yo duermo.
Lectura para la sobremesa: Mis modelos de conducta, John Waters.

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