Postre de tapioca

De aquella época en la que vagabundeaba por el mundo saqué varias cosas en claro: que una sonrisa a tiempo puede abrir más puertas que el dinero y que si uno encuentra un sitio donde le den bien de comer, de desagradecidos es no quedarse allí unos días haciendo la digestión. En Camboya probé por primera vez este postre, que según parece es de origen tailandés, y en un tris estuve de pedir allí mismo el asilo político. Yo no he conseguido acercarme ni un poquito a aquella textura, pero me apaño con esto que os traigo porque soy hombre de ambiciones en rebajas y muy conformista.

Ingredientes: (para 4 mochileros)
– 100gr. aprox. de tapioca en bolitas (lo encontráis en tiendas de alimentación chinas).
– 400ml. de leche de coco (misma tienda, no me llevo comisión).
– 400ml. de leche entera.
– 1 huevo.
– Vainilla en rama o extracto, en su defecto (extracto en su defecto, qué gran frase).
– Esencia de azahar (opcional).
– Asssúcar.
– Canela o chocolate rallado (para decorar).

En un cazo calentamos sin hervir las leches con la rama de vainilla y un chorrito (pequeño) de esencia de azahar. El azahar es opcional pero le da un toque muy rico. Añadís el azúcar y removéis. El azúcar no pongo cantidades porque va al gusto. A mí me gusta que haga islitas, porque soy diabético y vivo la vida al límite. Antes de que rompa a hervir, ponéis a fuego medio y añadís el huevo bien batido (si lo echamos al principio cuajaría) y la tapioca, y ahí preparad vuestro brazo menos útil porque llega la complejidad de este postre: con una cuchara de madera removed sin parar hasta que la tapioca haya absorbido la leche y le haya dado una contundencia parecida a la argamasa con la que se fabricó la muralla de Ávila. Calculad más o menos unos veinte minutos. Si paráis de remover la tapioca se pegará a la base y os pondrá a un paso de poner mandarinas de postre.

Esto es casi un pudin, así que tiene que quedar algo más espeso que la imagen que adjunto, aunque a mí me gusta algo más líquido de lo habitual (dentro de lo habitual que puede ser la tapioca); en todo caso sabréis que está hecha porque al probarlo, los granitos de tapioca se desharán en la boca, como un amor de juventud o una uva pocha. Servís en cuencos y añadís canela en polvo, chocolate o lo que se os ocurra.

Yo prefiero comerlo templado recién hecho. Hay gente que no tiene ni puta idea que lo deja en la nevera a espesar y enfriar; luego vienen con lo de que si sobre gustos no hay nada escrito y demás gaitas. Escrito hay un montón, solo que no lo leen.

A veces me pregunto por qué os hablo en plural.


Dedicada a mi cuña Cris, que no puede comer de ná pero tapioca sí puede, mire usté.
Lectura para la sobremesa: On the move, Oliver Sacks.

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